Las palabras con las que nos programamos.

Ilustración artística de una mujer de perfil con los ojos cerrados, rodeada de conexiones neuronales doradas. A la izquierda aparecen palabras asociadas con lucha y esfuerzo como “guerra”, “obligación”, “cansancio” y “sacrificio”, mientras que a la derecha surgen palabras relacionadas con creación, confianza y expansión como “creo”, “florezco”, “confío” y “fluyo”. La imagen representa cómo el lenguaje moldea nuestras emociones, pensamientos y percepción de la realidad.

Las palabras con las que nos programamos

Gabi Ortiz Fortunat

Gabi Ortiz Fortunat

Cómo el lenguaje moldea la forma en que vivimos y sentimos la vida

¿Sabías que la forma en que nos expresamos en el día a día condiciona la manera en que nuestro cerebro percibe el mundo?
Esto puede afectar nuestro diario vivir.
Y no, no es charlatanería: existe una ciencia que se dedica a estudiarlo.
Se llama Lingüística Cognitiva, desarrollada principalmente por George Lakoff y Mark Johnson, quienes demostraron que las metáforas que usamos estructuran nuestra realidad.

Algunas expresiones están tan arraigadas en nuestra cultura que las usamos sin cuestionarlas.
Incluso cuando parecen positivas o halagadoras, su efecto puede ser el contrario.

Pensemos, por ejemplo, en frases como:
“Eres una luchadora” o “Eres bien luchona.”
En el fondo, esto programa al cerebro para ver la vida como una batalla constante.
Y como todo en lo que enfocamos nuestra mente, eso es lo que el mundo nos devuelve.
Lo mismo sucede con la palabra “guerrera.”
Podemos sustituirla por “guía”“mujer en movimiento” o simplemente “una gran mujer.”
El mensaje cambia.
La energía también.

Otra palabra profundamente instalada en nuestro lenguaje es “trabajo.”
Para el inconsciente, “trabajar” equivale a obligación, por eso tantas personas asocian el trabajo con cansancio o sacrificio.
Pero si cambiamos el marco, la experiencia cambia.
No es lo mismo decir “tengo que trabajar” que “estoy creando un nuevo proyecto” o “contribuyo en mi empresa de 9 a 6.”
¿Notas la diferencia en el cuerpo?
Las palabras pesan distinto cuando vienen desde la elección.

Lo mismo ocurre con “esforzarse.”
Esa palabra ya trae una carga de tensión, de algo que costará demasiado.
Cuando decimos a un niño “tienes que esforzarte para sacar buenas calificaciones”, le estamos enseñando que aprender es pesado, no natural.
Podríamos decir en cambio: “Permítete aprender a tu ritmo y dar lo mejor de ti.”
“Disfruta el proceso de aprender; las buenas calificaciones serán consecuencia.”
El mensaje es más ligero, más amable con su mente.

También solemos decir “vas a superar esto” para consolar.
Pero esa frase ubica a la persona en una narrativa de lucha: algo externo que vencer, algo que exige fuerza o resistencia.
¿Qué pasaría si dijéramos “Vas a crecer mucho a través de esto” o “Lo que hoy duele te mostrará tu fortaleza y sabiduría”?
El centro deja de ser la guerra y se vuelve evolución.

Incluso frases comunes como “vas a lograrlo poco a poco” cargan la idea de que la vida es difícil y que el avance siempre cuesta.
Podemos mover la energía hacia el permitir:
“Confía. Lo que estás cultivando ya está dando sus frutos.”
“Confía y ábrete a lo que la vida ya tiene para ti.”

Cada palabra que elegimos puede abrir o cerrar caminos.
Podemos seguir hablándole a la vida desde la lucha, o empezar a hacerlo desde la creación, el flujo y la expansión.
No se trata de negar la realidad, sino de nombrarla con conciencia.
Porque las palabras no solo describen el mundo: lo crean.

Si quieres profundizar en este tema, te recomiendo el libro Metáforas de la vida cotidiana de George Lakoff y Mark Johnson.
Una lectura que cambia la manera en que piensas, hablas y, sobre todo, vives.


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